unejército de niños
está marcando la ciudad
un ejército
sólo uno
o son
muchos
pero
la están marcando
Tierra, trágame tierra. Trágame tierra. Trágame tierra. ¡Trágame tierra! ¡Trágame tierra!
Cómo una premonición.
En un sólo instante: Miré el muñequito blanco. El paso estaba abierto. El tránsito a mis espaldas se había activado. Yo estaba bien, pero confiado atravesé la calle. Con el marco mudo y la cabeza poblada de sonidos.
Pisé la vereda y, al lado de la peluquería, giré sobre mi mismo. 180° en diagonal hacia la parada.
No tuve registro sonoro. Sólo ocular.
Inexplicablemente se estrellaron ante mí. A centímetros.
No recuerdo, en el momento, el color de los vehículos.
Si de sus tripulantes.
Barba y campera azul.
Señor mayor con anteojos cuadrados y con señora de acompañante.
Pasaron, evadiendo mi metro ochenta y cinco.
Un grado menos en mi giro, un paso más, un segundo.
Todo hubiera cambiado.
Después la histeria, dónde se lo conté a todo el mundo.
Después la certeza, me voy a morir masticándo una nuez o *inflando una piñata.
arte + literatura + comic + otras yerbasFuturos se estrellan ante mí,
encienden las tinieblas mi ansiedad
y cada vez más sobrio me dejo caer.
No hay nada que yo quiera hacer igual.
Mátame de noche
no puedo estar despierto más sin verte
(Estar enamorado siempre me ha parecido un estado de pelotudez absoluta. De idealización, de accidentes y de renovación. Hay que estar preparado para todo supongo. Para renovarse y levantarse y edificarse. Por eso aquí va, entonces, una versión de otra versión. Reversiones.)
Tengo muchas cosas para decirte, sentimientos afines a tu frustración y sensación de fracaso. También palabras de apoyo para alentarte a seguir y dejar de sentir la realidad como un plano inclinado.