
Cuándo pienso en la falta de recursos materiales me deprimo.
Comienzo a ver todo a mí alrededor de modo nefasto. Decadente.
En ese instante, salgo de mi casa.
Salto a la calle y camino, muchas veces sin destino.
Pensé en la provincia y, sin muchos rodeos, me fui.
Nuestro límite en capital es demasiado citadino aún.
ordeando la ruta me sentí un parktour más que un mochilero.
Estamos muy urbanizados, muy modernos, muy chetos.
Caminar oxigena la mente o, al menos, la cansa lo suficiente como para dejar en paz a su envase. Mi cuerpo.