No soporto a los individuos que usan el Paragüas sin sensatez.
Se preguntarán si se precisa para utilizarlo, yo creo que sí.
Pues. ¿Quién sabe la verdad sobre este instrumento de mano?
Que no es ni un arma, aunque bien pueda adosarle esa función, ni un elemento de satisfacción corporal, aunque algunos enanos sádicos así lo deseen. No se porqué dije enano.
Prosigo.
Mi pensamiento, que bien podría devenir en decreto, pretende legalizar el uso del Paragüas para, luego, crea todo un instrumental señaletico vial.
Con registro, cédula, permiso.
Guiños, dobles o simples, salidas de emergencia, o fashion emergency.
De pronto flash, salgo a la calle y una señorita, ella toda, impune, desprejuiciada, casi que con displicencia se aproxima hacia mi humanidad, torera, onmniprescente.
Claro, esta chica inusalmente despreocupada, pensaría que soy el hombre transpasable y, sin pensarlo un sólo segundo, se dirige en línea recta.
A un metro pienso, se correrá esta inepta. Pero no, sin detener su marcha me intercepta y, yo, cual hombre recto y educado decido, creo, evitarla.
Ella, toda, de nuevo, entera, no osa evadir mi caballero estirpe.
Afortunadamente y provisto de una improvisación oportuna, pude correrme y, así, evitar la colisión directa sobre mi órgano ocular.