Me encuentro en recuerdos.
Cómo después de aquél golpe, se levanta un velo.
Ahora fue pau quien encendió una chispa con su post.
"Me caigo, me hundo y vuelvo a nacer / Tu cuerpo me roza para no caer / En cada trayecto que sigue tu cuerpo / descubre a su paso / rastros inciertos / Ahora no estás / Ahora te vas / Caminas detrás /Caminas Circular" (niñoespina 1998)
Registraba mis sueños, de otro modo más preciso. Con más detalles.
Sé que era Diego, lo sé. Lo supe, lo veía.
Parados ante la inmensidad de una pirámide nos miramos.
La luz que se reflejaba en lo alto, en la cúspide intuída, nos encandilaba.
Al bajar la vista, 100 metros delante mío, mi amigo entraba por la pequeña puerta que se abría paso entre la piedra.
Arrojé mi cuerpo a la carrera y llegué, en el preciso instante, cuando la abertura desaparecía a mis espaldas.
Estaba dentro, como él.
Un pasillo.
¿Derecha o izquierda?
Una respiración llegó por detrás.
- Boludo, estoy cansado.
- ¿Porqué?
- Llevo horas acá dentro. ¿Dónde estabas?
- Recién entre atrás tuyo.
- Bueno dale, se hace tarde.
Y salimos corriendo, en círculos a través de una galeria con aberturas.
Ventanas hacia algún lugar.
No supe si el muro giraba o nosotros nos movíamos.
Pero me fui quedando, cada vez más.
Hasta ver a mi amigo, cada vez más lejos, desaparecer por la pared color carmín.
Tuve una sensación de soledad y de traición.
Miré a través de la pequeña ventana.
Se dio vuelta y me sonrío.
No detuvo su marcha y se desintegró en el horizonte de un paisaje soleado, de cielo celeste y violeta y pasto verde. Dónde nacían flores altas como árboles.