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jueves, marzo 09, 2006

Fue sillón

En la cola de un Banco, la paciencia sobrepasó sus límites.
De pronto supo que no quería más esa vida. La odiaba. La detestaba. Quería cambiarla.
Se fue acomodando, abandonando aquella hilera humana, y comenzó a estirarse. Luego a contraerse.
Al cabo de unos segundos, un tapiz escocés azul marino lo envolvía totalmente.
Sus brazos se pusieron tensos, lisos y plásticos. Era cómodo. En sí mismo.
Además, se veía delgado y cuadrado de pronto. Ni en las arduas jornadas de gimnasio lo había conseguido.
Pero claro, el aire acondicionado le molestaba. Al fin y al cabo estaba desnudo.
-¡Desnudo! ¡Que horror!
Quería taparse, cubrir su intimidad. Sentía que todos lo observaban. Era el núcleo de interés. Y sus extremidades inmóviles allí se quedaron. Atornilladas por 4 cabezas planas. Uno, encima, oxidado. Le daba alergia.
La gente, agotada y agobiada, se abalanzó sobre la primera hilera. Él era el sobrante. El único asiento vacío. Nuevito, nuevito.
Se pelearon por él. Hasta de a dos lo apretujaron. Pisotearon y aplastaron.
-¡ay! ¡oh! ¡Paren! ¡Por favor
Nadie pudo escucharlo, porque nadie podía entenderlo. (Los sillones bancarios emplean la lengua mobiliaria bancuscomodus, muerta en la actualidad, basada en tramas de hilos de algodón. A veces de seda)
Ahí nomás la vio. La chica que tanto le gustaba. Y no podía tocarla, ni hablarle, ni decirle lo aburrido que era estar en un Banco.
Intentó correr, salirse del carril. Llegar a la caja.
Pero el subgerente, un tipo malo y rudo, desprolijo y sucio, arrojo de mala gana su ceniza. La ultima de la jornada.
Poco a poco la brasa fue agujereando la tela hasta consumar el asesinato.
El subgerente fue declarado culpable y la brasa cómplice.
El sillón fue reemplazado y nadie registro el cambio.