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miércoles, diciembre 28, 2005

Venga, que quiero hablarle

Comúnmente me siento frente a mi monitor LG de 17'', trato de abrir los ojos, me pongo los lentes y me tomo un café. Rutinario, cierto.
Bajo mails, algunos personales, otros, laborales.
De pronto flash, me llama la morsa.

Tenemos que hablar = Te voy a decir algunas cosas para tantearte.
Hay quejas sobre tu trabajo = El ñoqui que tenemos allá, de algo tiene que vivir.
Hace mucho que te veo desmotivado = Hoy no te afeitaste, alguna excusa tenías que darme.
Tus problemas familiares se mezclan con tus compromisos = En realidad no sé que te pasa, pero seguro es un problema.
¿Estás esperando que te despida? = No seas tontito, laburá, esto es la cárcel y yo no largo ni un mango.
Me duele que dispongas de la tecnología laboral para asuntos personales = ¿Mail?¿Así se dice?
Se que vos tenés un gran potencial y que podés dar más = Laburá negro y ni sueñes con un aumento
Me gusta que intercambiemos opiniones = En realidad no me importa que pensás, pero tengo mi puesto y de vez en cuando debo ponerme la gorra.
Acá no se discrimina a nadie, tratamos a todos por igual = A todos los negros como negros.
Ahora tengo que darte una tarea importantísima = Comprame miel.

Mis pestañas se pegotearon, algún sueño de mediodía seguramente. Alucinaciones de rutina o... no, no creo que esto haya existido realmente.
Pero estoy incomunicado... y ahora extraño los llamados del enano, que histérico soy errante, cuanta razón tiene usted.